Crítica: "Hasta encontrar" Imprimir E-Mail
escrito por Matías Peluffo   
Thursday, 08 de May de 2008

El nuevo disco de Andando Descalzo demuestra el gran salto de calidad que dio la banda.

Andando Descalzo - Hasta encontrar
Desde el primer minuto se percibe un salto de calidad en el “Hasta encontrar” de Andando Descalzo, que bien parece un disco de apertura de ciclo. Breve cronología: banda formada en un colegio secundario de Mataderos hace doce años, edita su tercer placa de estudio dos años después de un en vivo que cerró su primer etapa. Este tercer disco es demasiado correcto como para pasar inadvertido, y el constante crecimiento de su público es la principal garantía como para apostar unos morlacos a que por acá está una next big thing.

Los primeros instantes del disco condensan un sonido robusto y de buen acabado que se alimenta con pianos fuertes (Pablo Otero), percusiones expectantes y una guitarra de rasgueo cargado. La apertura se llama “Big Bang”, y es una canción con mucha fuerza rock combinada con agilidad latina donde se funden cálidas imágenes de colores atardecidos. Los vientos del ska rock “Continuar” se acercan mucho a las melodías optimistas y silbables de la Vela Puerca, y allí se revela que el título del disco hace referencia a la importancia de la persistencia en la búsqueda de los horizontes propios. “Las luces” es un mid tempo con una cuota tanguera de intensidad creciente, estribillo épico que reivindica al barrio y la familia y en el que la guitarra eléctrica lastima sobre una base de guitarras acústicas. La vocalización de Juani Rodríguez carga con un groove contagioso en “Andar”, canción de las que invitan a tener ganas de lanzarse a hacer quijotadas ante las miradas desmoralizantes.

En el funky “Caigo” las guitarras de Ariel Paladino se tiran paredes: una dibuja texturas con un wha wha y un deelay mientras la otra marca un rasgueo elegante. Eso sobre un teclados súper disco, una percusión sobria (Maximiliano Suppa) y la letra propone otro mensaje positivo que pide levantarse ante las caídas cotidianas. El tiempo se retrotrae a las épocas adolescentes en “Mi arte”, un tema acelerado cuya letra posa la mirada en los primeros capítulos de la relación con la música de los integrantes de la banda: devuelve en agradecimientos el esfuerzo, acompañamiento y confianza de sus padres y hasta pide disculpas a las novias por las esperas de carga y descarga post show. Básicamente se podría decir que es una canción de amor a la música.

Después se instala “Flor”, una cumbiatrónica con bajo hipnótico (Emiliano de la Encarnación), bombo en negras, acordeón centroamericano, percusión cadenciosa y coros murgueros. El trabajo de estudio en las voces es muy meritorio: hay momentos donde se superponen dos líneas para darle más cuerpo a los mensajes, en otros unos filtros alejan al protagonista y en los coros una oscuridad nos graba en el inconsciente el llamado para “que venga una luz”. Sin dudas, se trata de uno de los mejores momentos del disco. Tras ello llega “Compañeros”, un ska pícaro cuya letra agradece a los camaradas de viajes y cuyos vientos juegan a ser una orquesta para casamientos balcánicos. En sus dos veloces y jubilosos minutos sobresale un dúctil sólo de teclados.

En “Ilógico”, la canción más larga del disco, las melodías aportan una carga rioplatense: amargura, dramatismo, sensación de estar perdido en un caos y un memorable estribillo sobre acordes menores. El trabajo realizado con las texturas sobresale: las melodías se debaten entre un bandoneón tanguero, teclados modernos y una melodía desesperanzada que se termina en un fade out. El clima se levanta con “Winner”, otro ska cuya letra analiza algunas particularidades del yo de quién canta. Sobresalen allí la base de bajo en combinación con el teclado y el cierre contundente para un track que no aporta mucho. El reggae oscuro “Liberate” muestra a un cantante manejando muy elegantemente su primer plano compartido con una trompeta que solea acompañándolo. El cierre es con “Volveré”, un galope sobre palmas flamencas que en un momento empieza a transformarse en una salsa murguera y donde la parte rítmica suma condimentos interesantes y se destaca el siempre preciso trabajo del baterista Carlos Quintero. Así se despide "Hasta encontrar": con ritmo, sabor, tambores y un mensaje amistoso.

Queda la sensación de que los Descalzos engendraron una criatura superadora dentro del rock barrial pero con ventaja ante cualquier otro ejemplo en el género. Los modelos a seguir, no muy evidentes por cierto, pueden estar en la manera de cantar de Andrés Ciro, hay algunas cosas de la intensa musicalidad de los Fabulosos Cadillacs y también ciertos detalles de la manera de cerrar las canciones en NTVG.

Los créditos dicen que toda la banda hizo la música y cinco compositores se hacen cargo de las letras. El bajista Emiliano de la Encarnación firma casi la mitad de los textos, y Juan Ignacio Rodríguez (cantante) y Pablo Otero (teclados) suman igual cantidad de letras. Eso invita a pensar en que acá la cuestión grupal tiene mucha importancia, no hay un solista encubierto ni se puede pensar en un líder nato seguido por otros músicos.

Se suponía que algún día iba a llegar un disco de Andando Descalzo acarreando motivos inapelables para posicionar a la banda en el primer nivel del rock argentino. Desde sus inicios cargaban con el mote de banda prometedora: siempre armaron canciones afables, pero tal vez les costaba destacarse fuera del conjunto de bandas que trabajan el reggae-latin-ska-cuarteto. En su tercer opus de estudio cristalizan todas las esperanzas posadas sobre ellos y le dan cuerpo a su primer disco inobjetablemente profesional. En "Hasta encontrar" Andando Descalzo se aleja de su propia sombra y transitan el camino que los llevará a convertirse en una gran banda. Más allá de los vestidos latinos, rockeros o cuarteteros acá la particularidad está basada en la exquisita esencia de unas canciones poderosas, que tienen cierta mística sobrevolando cada track y donde los arreglos certifican la pulcritud, categoría y detallismo del conjunto. Es probable que el trabajo de Goy Ogalde (Karamelo Santo) en la producción (de este y todos los discos de la banda) haya cambiado en la óptica con la que venía trabajando: "Hasta encontrar" es un disco que podría sonar en casi todas las radios argentinas, más allá de que sean de éxitos o de rock. Sería justicia.

Así se van cuarenta minutos de música, de los mejores que hayan surgido del Oeste del conurbano en lo que va de la década. Y queda la imagen de unas zapatillas All Star caminando con ritmo y seguridad la noche del Gran Buenos Aires. Estas canciones son enormes y están soportadas por una banda que no denota fisuras. Hay algo en ellas que invita a pensar que el mejor lugar donde van a sonar debería ser un estadio.

 
 
Comentarios (2)Add Comment
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escrito por Chelo, May 08, 2008
Aguanten lo Descalzos che! banda de p**a madre
Este cd ya va mas en serio q los anteriores (q obviamente estan muy buenos) y se nota como han crecido musicalmente estos muchachos
10 puntos!
Chelo - Trelew (Chubut)
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escrito por Ezequiel, May 11, 2008
Yo voy siempre que puedo a ver en vivo a Andando Descalzo, es una banda que me gusta mucho, no hay muchas bandas como ellos en Argentina. Es cierto que en cada disco va mejorando mucho el sonido de la banda, se noto entre el primer disco y el segundo, y se nota ahora (no cuento el que es en vivo, justamente porque es en vivo...).

Aguante Andando Descalzo!!!
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