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El segundo disco de Don Adams suena muy bien y se nota la gran producción… pero resulta reiterativo y tedioso.
Según su biografía, los músicos de Don Adams no fueron compañeros de secundaria, ni amigos de la infancia, ni primos, sino personas que se conocieron (destino mediante) porque se tenían que conocer en determinado momento. Hasta ahora su mayor mérito era la edición de un primer disco correcto y habían logrado que una canción suya fuera usada como cortina de apertura en el programa "Media Falta", una tira sobre adolescentes de Canal 13. Con ese currículum y el apoyo de una multinacional llegaron al segundo disco: un contexto ideal para demostrar evolución y capacidad artística suficiente como para aprovechar esa pequeña, pero beneficiosa, exposición mediática.
“Cangrejos” se llama la primer canción del disco: es un rock fuerte y bien stroke, con una letra inclusiva hacia su público. En el estribillo el cantante declara “somos todos cangrejos”. Parece buscar ser un tema premio para su público, tipo “vos nos venís a ver a nosotros y por eso no sos tan mediocre como todos los demás”. Sin embargo la metáfora del concepto de “cangrejo” no parece ser una alabanza muy explícita: un animal que se arrastra y camina para atrás... en fin. La segunda canción, “Nuez para vos”, es un brit rock enérgico y noventoso, que remite a algún hit de Blur o Elástica. Todos los instrumentos suenan en un equilibrio magistral y se destaca el trabajo de las guitarras (Esteban del Pilar y Nacho Arroche). En “Anteojos de sol” se combinan una intro tipo “Welcome to the jungle” con unas melodías punkies y bailables: los tres minutos pasan del salvajismo a la delicadeza con gracia, talento y credibilidad.
“No son anillos, son ruedas” es el título de una balada poderosa de corte stone y brillo oscuro. La letra remite a una temática psicodélica y espacial (“dicen que la Tierra era insolente y dicen que la luna la mató”) y durante los puentes las guitarras juegan paredes en los auriculares; en los coros entra el Hammond del Zorrito Von Quintiero a aportarle viaje a las melodías. En “Nada nuevo” la melodía se dispara sobre una guitarra con deelay que retumba los oídos hasta el final mientras el tema cabalga sobre un bajo (Sebastián Scala) que forma una pared sólida. Se trata de un rock crudo cuya letra le toma un poco el pelo a los dinosaurios musicales y se despreocupa por las comparaciones posibles a raíz del sonido innegablemente retro de Don Adams. “Alguna vez” es otra baladita, pero en esta oportunidad hay una preponderancia acústica y letra sobre amores en fuga. En el solo sobresalen la guitarra con slide, los teclados suaves y envolventes que en el final se disuelven en una despedida casi de película. El siguiente es un tema enérgico con perfume a espíritu adolescente: “La bomba” se basa en el reclamo de un beso y podría ser otro tema de apertura para programas de jóvenes en edad de descubrir el (des)amor y otras basuras.
La segunda mitad del disco empieza con “Gasolina”, rock ardiente y arrojado que describe la falta de amor que hay alrededor de una chica con tendencia al amor mal depositado. La canción tiene aires setentosos, un riff oscuro, tiempo en negras y el estribillo dice “nada de amor y en la cocina hay humo /... / la mancha colorada no sale con sal”. ¿Está hablando sobre abortos lastimando la conciencia? Puede ser. “La chica de Venus” es la quinta canción consecutiva que gira alrededor de la cuestión amor/desamor y eso invita a pensar que tal vez no haya otros temas que inspiren ganas de componer en estos músicos. Se trata de una carta de amor musicalizada desde una balada cuya destinataria es una mujer idealizada que se ve por las noches en la pantalla del canal porno. “Autocine” extiende un poco las fronteras temáticas, con una intro dinámica llena de guitarrazos y disparos de teclados que bien podría ser usada como cortina en Caiga Quien Caiga. Es un hard rock con coros setentosos y en la letra el protagonista asegura no poder “soportar la carga de este mundo moderno”. En medio del track hay un logrado segmento instrumental donde la energía se concentra y vuelve a irradiarse para regalar al oyente un final abrumador. Para cuando llega “República de Las Vegas” la falta de elementos capaces de producir variaciones atontan un poco el oído. El protagonista de esta historia es un hombre misterioso, noctámbulo y que necesita una mujer similar a la que lo abandonó. “Palmeras” es la canción elegida como corte de difusión y su intro tiene algo del “Arnarchy in the U.K.” de los Sex Pistols. Después parece ser un monólogo de un adolescente que dice que quiere ver amor en el televisión y declara que “cuando ya no quiero gritar el silencio es una buena forma de hablar” y que “a mí me gusta que me dejen solo”. El tema se basa en una seguidilla de arreglos constantes, pero cuando termina no queda la sensación de tratarse de un hit en potencia.
Anteúltimo track: balada titulada “Como pasas de uva”, depresión, invierno, lluvia y unos arreglos con vientos que hacen que la canción en algún momento levante un poco. Pero la letra es muy reiterativa y queda estática alrededor de un “es la última vez que hablo de ella” que llega a cansar un poco. “La inmortalidad del cangrejo” es una suerte de despedida en la que se resumen algunos versos de las canciones sobre una base pequeña interpretada por una guitarrita que pasea por cuatro tonos y una batería simplona hasta que todo se disuelve en un fade out. Si bien la idea es original y cordial, no suma una sensación épica o emotiva.
Básicamente estamos ante un disco convincente, de sonido aguerrido y profesional. Las instrumentaciones son cuidadas y bordean muy bien a las melodías, adornando todos los tracks con detalles precisos y, en algunos momentos, preciosos. Si bien es un producto lanzado al mercado desde una compañía discográfica multinacional, puede decirse que estamos frente a una excepción en cuanto a la calidad final del trabajo. El arte de tapa es insípido: es una fotografía más preocupada por mostrarnos a cinco chicos de póster sobre paisaje monañoso que en decirnos algo sobre el contenido musical de la placa. Aunque tal vez sí: rock de jean Levi´s, rotoso pero pulcro y bien lookeado. Y bueno, ¿qué tiene de malo ir a la peluquería a pedir un corte prolijo y moderno?
Acá vemos una conexión con un mundo espiritual creado por artistas sensibles y músicos exquisitos. Los trabajos del cantante y baterista sobresalen: la voz de Frankie Langdon suena nítida y clara, se le entiende el cien por cien de lo que dice y maneja las melodías con gracia y autoridad. Lo de Koroco es aún más meritorio: para que las canciones soporten con naturalidad tantos matices y cambios es menester una base fundamentalmente sólida. Y acá todo fluye con una sencillez aparente que “oculta” la complejidad de los arreglos. Tampoco debe haber sido menor el trabajo del Zorrito Von Quintero que firma el Hammond pero debe haber orientado algunos rumbos. La dirección artística del proyecto es firmada por Juan Absatz, ex bajista de Suárez y ex tecladista de Los Twist.
“Segunda Temporada...” es un disco que empieza muy arriba y en sus primeros tracks promete entretenimiento hasta el final, pero a medida que van pasando las canciones las ideas se repiten, las temáticas no sorprenden y para cuando llega al final se puede decir que hay temas sin tanta justificación que hacen más tedioso al conjunto. Eso no quita que sea un disco modelo: cualquier banda quisiera sonar así de ajustada y así de producida. Incluso así de lookeada. Probablemente le vaya a gustar un poco más a las chicas y seguro que serán una buena opción al momento de invitar a una amiga a ver un concierto.
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Saludos desde Zona Sur